No somos nada, no somos nadie. No nos busques en
ningún sitio porque estamos en todas partes, crecemos en los
árboles y salimos de debajo de las piedras. Somos yo, tu,
el/ella... y nos sabemos cómplices.
No tenemos moto que vender porque nos movemos a
pie, poco a poco, paso a paso. Y aunque caminemos despacito,
inseguros, tropezando una y otra vez como niños, seguiremos
rechazando apoyos paternalistas de quienes nos venden
ideología y revolución; de quienes dirigen y recuperan las
luchas populares para aumentar el currículum de su organización
y, de este modo, justificar su propia existencia e inoperancia;
de quienes colaboran conscientemente en la perpetuación
de lo existente.
Porque la única ideología válida es la que día a día evoluciona,
se discute, se cambia, se siente y se practica en lo cotidiano.
No necesitamos verdades absolutas estáticas ni bonitas
palabras vacías que asimilar o asumir con ejemplar disciplina
militante. Preferimos decir lo que pensamos y hacer lo
que sentimos, lo que queremos, lo que podemos, lo que nos
dejan. Porque la única revolución posible (si es posible) partirá
de nosotros mismos, de la participación total y directa de
todos y cada uno. En nuestras manos esta realizar nuestros
deseos, nadie debería pensar ni actuar por nosotros.
No somos nada ni somos nadie, salvo nosotros mismos.
No tenemos nada que demostrar, ni por qué justificarnos o
rendir cuentas a nadie. Preferiríamos desaparecer antes que
rendirnos a la autoridad, la ley, el orden y la moral supuestamente
revolucionarias que algunos se atribuyen; profesionales
de la lucha que pretenden monopolizar con sus siglas
nuestros sueños e ideas. Preferiríamos dejar de existir antes
que entregar el control de nuestras vidas y luchas a los perpetuadores
del estado-capital.
¡¡¡Abajo los pensadores, vivan los que piensan!!!
¡¡Ni partidos ni sindicatos, rompamos con todo!!!
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